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Oda desgarrada
De Jesus Belotto
 

Si los trenes están tan vigilados
la secreta sonríe en cada esquina
y al mirar al suelo sólo veo botas de soldado
qué queréis que os escriba.
Ayer cogí un spray y el tren
estaba demasiado vigilado.

Así es como la ciudad ha ido entornando sus puertas
vosotros no lo habéis oído –no habéis querido–
el chirriar de las bisagras
el aullido de los hombres sin metro cuadrado
ni la risa grotesca de abel el hermano.

Y los nombres
habéis olvidado los nombres
los de la carne.

Ya no importa que mi spray no silbe
para qué la canción y la poesía.
Estáis sordos de remate y os maldigo.

Mientras,
vigiláis vuestros trenes como si fueran
cicatrices que brotaron de la nada.
Acaso lo sean pero
ya nadie pintará los vagones
ni recordará la carne y sus nombres.

Se cerrará del todo la puerta
no oiréis las bisagras y sus chirridos
el aullido de los hombres sin metro cuadrado
ni el llanto grotesco de caín vencido
–no lo oiréis porque no habréis querido–.

Se cerrará la puerta y le cortará el rabo
a todas las lagartijas
pero aunque talen todos los árboles
con que mi yayo hacía tirachinas
y prohíban
las peonzas los balones en los parques
aunque cerréis todas las puertas de silencio
yo seguiré buscando la luz
la remota esperanza de una ventana.

Aunque me duela el mundo en los párpados
y aunque sea tarde y los trenes
estén demasiado vigilados.