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En
aquel viaje
los pasajeros no se acomodaban.
Les doblaban las rodillas
cuando intentaban subir al tren.
Los
colocaban juntos
en parejas alternadas,
con sus rostros hacia las ventanas.
Una vez dentro, permanecían absolutamente inmóviles.
De
repente, tomándome por el pecho me sentaron
frente a otra compañera de viaje.
intenté comunicarme, pero ni mi mirada pudo hablarle
porque giraron mi cabeza hacia la ventana.
El
tren partió, mientras el vagón traqueteaba incesantemente.
En aquel viaje yo me eternicé silente.
No sabía donde amanecería mañana
cuando mi vida se detuvo.
Después
de aquel viaje
no paseare mis hombros entre las nubes,
porque mis pies solo pisarán el suelo
en aquel tren, rigurosamente vigilado.
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