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Volver

De José Antonio Lafuente Andújar
 

Recuerdo las miradas esquivas,
los dedos en las ventanas
dibujando tu nombre en el vaho;
recuerdo tus lágrimas
y los murmullos por doquier.
Las palabras eran mudas
y tus pupilas agitados remansos;
el sonido, en fin, opaco
como las nubes aquellas
incomprensibles, cenicientas
en el umbral del destierro
en el vientre de cada vagón
anocheciendo en cada estrella
y también en mis labios.
Puedo recordar el horizonte
tragándoselo todo. Vivo
esperando rojas señales mmm
sí, que me devuelvan libre
a los extensos brazos del aire.
Todo alrededor era sospecha
todo amargura y temblor
vacío de razón dislocada
penumbra ¡de muerte!;
miles de ojos febriles
orbitaban mis sienes
en aquel viaje singular
por los raíles del olvido
cómplice y del silencio.
Detrás de cada recodo
acechaban como edictos
fusiles
y garras
y sombras.