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Este trabajo obtiene su sentido
en la totalidad y no en el brillo individual de cada imagen. Como
reflejo de un proceso evolutivo inacabado e inacabable, semejante
en su comportamiento a los procesos biológicos de desarrollo
y mutación, implicado con la vida en ese sentido, pero también,
al convertirse la experiencia artística en pulsómetro
diario, el sentido de lo sublime ligado a ésta es cuestionado,
o mejor aún, integrado en la cotidianeidad.
Básicamente la forma primigenia consistía en un núcleo
central desde el que surgían cuatro apéndices ordenados
dos a dos de modo simétrico y en forma de aspa -probablemente
uno de los diseños biológicos más exitosos
y desde el que evolucionaron un gran número de especies-.
Del mismo modo que la especialización de los miembros rompía
con la simetría en el diseño biológico, hay
una intención consciente por mi parte de pervertir la potencia
casi fascista del emblema gráfico desde las primeras imágenes.
El aspa no sólo es la más dinámica de las formas
simétricas, en general, la inclinación de los ejes
vertical y horizontal es una formula infalible de provocar tensión
-el clásico recurso de inclinar la cámara 45o en foto
y cine-. El aspa también es intersección, cruce de
caminos; de nuevo generadora de ansiedad ante la necesidad de elegir
(escoger-renunciar- asumir). Al trabajar sin proyectar, se está
todo el tiempo en esa tesitura. Pero tomar opciones también
es tremendamente vital y, quizá, hacer el camino sea la única
forma de aprender que el camino siempre ha sido uno y siempre el
mismo.
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