|
La
cultura contemporánea, neurótica en su devoción
al cuerpo humano, genera profundas huellas psicológicas y
conductuales en nosotros, y nuestra imagen es cada vez más
psicótica y enajenada de lo natural. Es una perpetua obsesión
catártica que condiciona nuestra forma de actuar, de pensar
y de vivir. Entiendo al cuerpo humano como un cuerpo social, antropológicamente
urbano. Es cada vez menos nuestra identificación de género
pues, es constantemente subvertido o reafirmado a nuestro antojo.
Nuestro cuerpo es nuestro propio muñeco vudú, es la
materialización de una visión que no por hipertrofiada
es menos real.
|